viernes, 7 de agosto de 2026

De repente todo cobró sentido, algo que despejó en su mente haciendo que miles de piezas pequeñas por fin empezasen a encajar, una tras otra, como en un efecto dominó. Estaba sola. Siempre estaría sola. Y ese no era el problema, no le molestaba la soledad, hacía mucho que se había hecho amiga de ella, había aprendido a enamorarse de si misma, de dar paseos largos, de vivir según sus propios horarios, de escuchar su música favorita en bucle o ver sus series hasta la saciedad... El problema venía cuando se sentía sola, nunca le gustó ese vacío, ese darse cuenta de que solo se tenía a ella, siempre. Darse cuenta de que su móvil no sonaba si no era ella la que mandaba el primer mensaje, que los planes no existían si no era ella quien los proponía... Que nunca era prioridad, para nadie, nunca lo fue, y lo más triste de todo, convirtieron esa carencia en halago, desde pequeña escuchando un "es que es muy madura para su edad" en vez de un "tuvo que aprender a hacerse cargo de ella misma mucho antes porque nadie estaba para cuidarla" o un "es super sociable" en vez de un "tiene tanto miedo de sentir el mismo rechazo o sensación de invisibilidad que tiene en casa fuera, que a aprendido a mimetizarse con quien haga falta" o "es una niña super valiente" en vez de un "como nadie la ha defendido nunca, tuvo que sacar valor de donde solo tenía miedo" y así un sin fin de "halagos" que se le clavaban como puñales cada vez que los escuchaba. Y no pasaba nada, estaba acostumbrada, acostumbrada a ese nudo en el estómago constante, o esa presión en el pecho; acostumbrada a coser sus propias heridas y tragarse sus lágrimas. Y aún así, la gente, cada vez que entraban en su vida, la tachaban de alguien alegre, alguien "alocado"... Pero cuando la conocían un poco más a fondo, se daban cuenta de que estaba rota, de qué siempre lo estuvo y lo más jodido de todo, muy probablemente siempre lo estaría, porque esa soledad, dejando la ironía a un lado, era lo único que nunca la había abandonado y era lo único que de verdad conocía.

jueves, 23 de julio de 2026

Quizá

Estaba tan triste que no veía la salida, no era capaz de ver la luz del final del túnel.
Estaba tan triste que ni siquiera me salían lágrimas, simplemente se agitaba mi respiración y me abrumaba la pena, pero las lágrimas no salían, puede que porque siempre se ha dicho que llorar consuela y yo ni siquiera quería consolarme, quizá me enamoré de la idea de estar siempre triste, de sentir siempre frío y de dejar que el vacío que siempre sentí en mi corazón, por fin, me llenase, al fin y al cabo, es esa soledad la que me lleva acompañando todos estos años, la que nunca me ha fallado, y yo siempre he intentado llenarla. Quizá no estoy hecha para estar llena, para estar bien, para ser feliz, quizá siemplemente no es lo que me toca, no es lo que soy, o quizá, solo por esta vez me haya cansado de luchar, de buscar soluciones; quizá, por una vez, siemplemente me apetezca estrechar la mano a ese vacío, decirle un "bien jugado" y dejarme arrastrar por la marea, quizá ya estoy demasiado cansada para nada más.

viernes, 3 de julio de 2026

Nunca le preguntes a alguien con la cabeza agotada cuántas horas tiene una noche, cuánto silencio hay cuando los que no tienen dudas descansan y a los que les come la ansiedad sollozan. Es un silencio ensordecedor, escuchas la leve vibración de la nevera, lejana, solitaria. Algún que otro reloj, marcando cada segundo que pasa y arrasa contigo como la resaca del mar. Y lo que peor llevas escuchar, tu cabeza. Esa que llevas callando con estímulos todo el día, que si los cascos, que si la tele, cualquier conversación banal por WhatsApp... Pero ahora son las tres de la mañana, estás tumbado en tu cama, observando el techo de la habitación, con la única compañía de la oscuridad y vuelves a notar esa presión en el pecho, esa que te impide llenar los pulmones del todo, esa presión que únicamente parece remitir cuando tus oídos se inundan con tus lágrimas y comienzas a soltar todo lo que llevabas todo el día callando, eso sí, en silencio, porque el ruido, lo haría aún, un poco más doloroso, un poco más real.

jueves, 28 de mayo de 2026

Todo al rojo

Marcarse un "all in", un salto de fe, un salto al vacío... Sentir ese nudo en la boca del estómago, ese exceso de saliva en la boca, ese hormigueo en las manos... esa adrenalina. Desde pequeños nos enseñan a ponernos a salvo, a no "jugárnosla" a cortar por la linea de puntos, pero la vida no es así, vivir no es así; Hay veces que necesitas sentir esa adrenalina, ese vértigo para conseguir vivir algo que de verdad merezca la pena, algo que de verdad te grite en la cara que estás vivo, algo que te despierte, que te saque de tus patrones, de tu zona de confort. Mucha gente a tu al rededor no entenderá la razón por la que lo haces, habrá gente preocupada, habrá gente que te tome por loco o inconsciente y muchos de ellos también sentirán envidia, envidia de que tú sepas moverte, de que no te de miedo cambiar de juego, reinventarte, tirar toda esa realidad que ya tenías construida solamente para intentar hacer otra porque esa no te gustaba, no era como la imaginaste, no era como te imaginabas vivir.

Hay gente que consigue despertar en ti partes que ni sabías que existían, partes que creíste perdidas mucho tiempo atrás, gente por la que merece la pena salirse de la línea de puntos.

Esas personas son magia, son adictivas, y quizá no tanto por cómo son ellos, si no por cómo eres tú a su lado, por cómo te hacen sentir y asusta, claro que asusta que aparezca alguien que ni siquiera buscabas, ni sabías que existía para poner patas arriba toda tu vida, toda tu realidad, por la que saltarías al vacío sin pestañear, por los que te subirías a un tren sin importar a donde te llevase simplemente porque ya te da igual, simplemente quieres estar ahí, quieres vivirlo, y vivirlo a su lado.

No te voy a mentir, no va a ser fácil, vas a tener que romper todos tus esquemas, y quizá también un poco tú, desaprender un poco, soltar y lo más importante, saltar.

Los cambios asustan, eso lo sé, pero nada es para siempre y todo lo que hagas por conseguir vivir la vida que imaginabas siendo un niño será un acierto. 

Costará esfuerzo, pero todo lo que ha merecido la pena nunca ha sido fácil, pierde el miedo a luchar, pierde el miedo a que vean cómo eres en realidad, pierde el miedo al borde.