Estaba tan triste que no veía la salida, no era capaz de ver la luz del final del túnel.
Estaba tan triste que ni siquiera me salían lágrimas, simplemente se agitaba mi respiración y me abrumaba la pena, pero las lágrimas no salían, puede que porque siempre se ha dicho que llorar consuela y yo ni siquiera quería consolarme, quizá me enamoré de la idea de estar siempre triste, de sentir siempre frío y de dejar que el vacío que siempre sentí en mi corazón, por fin, me llenase, al fin y al cabo, es esa soledad la que me lleva acompañando todos estos años, la que nunca me ha fallado, y yo siempre he intentado llenarla. Quizá no estoy hecha para estar llena, para estar bien, para ser feliz, quizá siemplemente no es lo que me toca, no es lo que soy, o quizá, solo por esta vez me haya cansado de luchar, de buscar soluciones; quizá, por una vez, siemplemente me apetezca estrechar la mano a ese vacío, decirle un "bien jugado" y dejarme arrastrar por la marea, quizá ya estoy demasiado cansada para nada más.
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