martes, 13 de octubre de 2020

Me jode, y siento las palabras que uso, que me hagas sentir así, como la última, como la menos importante. Me jode, me duele, me enfada, me entristece, no sabes hasta que punto que me des la sensación de que tengo que ser yo quien cambie mis planes para lograr verte a ti, a última hora, desbaratando todo mi día, para que después resulte que solo voy a verte, dos horas, con suerte. ¿Sabes la sensación de mierda que deja eso en una persona? Que después de haber deshecho todos los planes, para lograr quedar contigo, porque tú, en vez de usar un mínimo de antelación, vienes a decírmelo en el último momento y yo, como una gilipollas, siempre intento sacarte la cara. ¿Sabes por qué? Porque mi mente no es capaz de concebir que tú puedas fallarme, y no sabes lo doloroso que es, echar la vista atrás, y ver qué ya lo has hecho otras veces, que esto solo es la punta de iceberg, y me doy asco al pensar así, en serio, no sabes cuanto. Pero es que no puedo más, no puedo seguir sintiéndome la última mierda en tu vida, no me gusta esta sensación, me hace daño y creo que no eres conciente de cuanto; y la única razón por la cual no te digo todo esto, es por intentar lo hacerte daño yo a ti, porque sé que mis palabras pueden ser puñales, porque sé que la verdad mola hasta que hace daño, y por muy enfadada y dolida que este hacia ti, no quiero provocarte los mismos sentimientos que tú provocas en mí. 
Sé que si un día pasa algo grave estarás ahí, quizá tarde, pero sé que estarás, el problema es que diariamente no, diariamente te cuesta formar parte de mi vida por mucho que yo me empeñe en que estés ahí, y es que, no puedes obligar a nadie a estar donde no quiere estar.
Más de un mes sin verte, porque tú no has querido, más de un mes sin verte separándonos escasos kilómetros, pero es que nunca tienes tiempo, siempre tienes otras cosas más importantes que hacer, nunca soy tu prioridad.

martes, 11 de agosto de 2020

Eres tú

Desde el primer momento en el que te vi supe que eras tú, me trasmitiste esa paz que hacía tiempo dejé de buscar, encontré en tu mirada ese hogar que hacía mucho que no encontraba, en el sonido de tu risa esa bocanada de aire fresco que hacía tanto no sentía...
Eres tú porque despertaste en mí cosas que pensé que estaban muertas desde hacía mucho, sentimientos que tenía olvidados.
Eres tú porque sin buscarte te encontré, porque me diste la confianza, el cariño y la comodidad para ser yo, ese yo que al parecer llevaba escondido en mí mucho tiempo, deseando salir pero con miedo de que le volviesen a herir.
Quizá suene un poco precipitado, y quién sabe, quizá lo sea, pero sé que si me vuelvo a enamorar, será de ti.
Eres tú, he conocido a muchas personas, pero nadie se siente como tú, con nadie me siento tan yo como desde que entraste a mi vida; Así que, por favor, no rompas mi corazón, no me hagas pedazos, sé cómo empieza, créeme, me he roto antes, quizá por eso acabé estando afilada, pero tú has sido capaz de limar cada una de mis esquinas y encajarlas con las tuyas. Soy delicada por mucho que me haya empeñado en parecer maciza, y es que una vez te hacen añicos, te cuesta volver a ser la misma. Así que, por favor, no me rompas el corazón, sé cómo se siente el darlo todo por alguien, poner tu corazón en sus manos, y ver cómo lo deja caer, puede que todavía una parte de mí siga rota, puede que haya partes que jamás vuelvan a recomponerse del todo y puede que tenga miedo de volver a enamorarme, pero si es de ti, entonces lo intentaré.
Sé que no soy la mejor eligiendo amores, solo hay que echar la vista un poco atrás y si no crees que seamos el uno para el otro, entonces no dejes que la historia se repita, porque quiero intentarlo contigo, quiero estar contigo, quiero ser contigo, quiero todo, pero contigo.
Porque eres tú, simplemente tú, y estoy dispuesta a lo que sea, pero a tu lado.

domingo, 26 de julio de 2020

Me senté, respiré, respiré con la misma profundidad que usas antes de tirarte de cabeza al agua, con la misma intensidad que cuando de pequeña veías que te ibas a meter en un tunel y ahí me puse a pensar, a pensar en ti, una vez más, en tus ojos, en los que siempre me veía reflejada, en tu sonrisa y en las ganas que me daban besarla, en tu pelo y en mi mano mientras lo acariciaba, en tus manos y en la seguridad y el cariño que me proporcionaban cada vez que sujetaban las mías y ahí empecé a pensar en mí, en cómo mi corazón se agitaba cada vez que volvía a oír tu voz, en como sonreía a cada mensaje tuyo, en lo mucho que me frustraba que no me saliesen las palabras cuando estabas a mi lado y en la sensación de perder el control en cuanto tú entrabas en mi vida, y la peor parte, en que me encantaba que hicieras eso.
Recree en mi mente una y otra vez cada momento contigo, los más simples al principio, un roce, una mirada, un olor, un lugar... seguí por los más felices, las noches de confesiones, los momentos en que nos olvidábamos de que éramos diferentes seres para dejar que nuestras almas se tocasen, los planes de futuro, y mi recuerdo más recurrente, tú y yo lavandonos los dientes frente al espejo del baño. Y como ya es costumbre, pasé a recordar el daño, el daño de cada vez que nos separábamos, el ser conscientes de que por mucho que se quiera algo, o como en este caso, a alguien, a veces no es suficiente para estar juntos, el sentimiento de vacío, los últimos mensajes, el adiós.
Y fue ahí, cuando por primera vez, fui consciente de que sí, estaba enamorada de ti, y probablemente, en cierta manera, siempre lo esté, pero que a quien más amo, a quien más echo de menos es a mi yo de entonces, de que estoy enamora de mi yo feliz.
Dicen que una persona que ha estado realmente enamorada siempre buscará otra relación en la que sienta lo mismo, porque ya sabe lo que es el amor, porque y sabe lo que quiere, y yo quiero volver a enamorarme de mí. 

domingo, 3 de mayo de 2020

Una vez más nos encontramos, una vez más dejamos a nuestros corazones, nerviosos y agitados unirse, dejamos que nuestras miradas se encontrasen y que nuestras almas se fundiesen. Como siempre todo parecía ir bien, por una vez parecía que ambos estábamos en el mismo punto y con las mismas ganas. Una vez más me pediste que lo hiciese yo por ti, y yo intenté construir todo, pedazo por pedazo, intentando que nada se derrumbase, parecías estar feliz, parecía que lo estuviésemos consiguiendo... pero todo el esfuerzo y tiempo invertido no te fueron suficiente, te di lo que me pediste, lo que llevabas tanto tiempo deseando y cuando todo cogía forma, te largaste, sin dar explicaciones, sin mirar atrás, sin nada más que un lo siento. Nunca más volveré a confiar en ti.
Quizás hubieron señales, quizá no las supe ver y a día de hoy, sigo sin ser capaz de verlas, sigo sin ser capaz de entender qué pasó.
Pero no debería de sorprenderme, al fin y al cabo somos los mejores destruyéndonos mutuamente, tuve a haberlo visto venir.
Te escondiste detrás del teclado, de palabras que no explicaban nada, pero una vez más, te dejaban a ti en un buen lugar.
Y una vez más, la tinta deja ver todo lo que te quise decir, todo lo que te quise hacer sentir.
Ahora tú estás bien, y yo... ¿yo qué más da? ¿Alguna vez importó en realidad cómo estuviese yo? Si no lo daba todo, no quería estar contigo, y si lo hago, tú te vas. Y ¿sabes lo peor? Que dije que daría todo por ti, pero ya no me quedaré esperando una respuesta, han pasado varios días, y sigo aquí, fantaseando con tu vuelta pero más conciente que nunca de que eso no va a ocurrir... y por mucho que me joda admitirlo... sigo mirando a tu ventana cada vez que paso por tu calle, sigo buscándonos en nuestro portal y el banco sigue ahí, pero tú ya nunca estás.

domingo, 5 de abril de 2020

3 a.m. aunque en estos días las horas han perdido su valor, solo una nos une, solo una nos llama, las 20:00, todos salimos a esa hora a nuestras ventanas, balcones, terrazas, jardines... a aplaudir, a aplaudir como se aplaude cuando tu amiga por fin se besa con su amor platónico, como cuando tu hermana te dice que está embarazada, como cuando tu equipo marca o sale tu artista favorito al escenario. Aplaudimos unidos, felices porque estamos aquí, porque estamos bien. Aplaudimos por nosotros que llevamos semanas en casa, aplaudimos por toda esa gente que sale día a día a ayudar(nos), aplaudimos por la gente que no puede hacerlo porque está en una camilla, aplaudimos por todos aquellos que ya no aplaudirán nunca más.
Estos días están siendo extraños, duros, tristes, estresantes, agobiantes... pero también nos ha unido más que nada en esta vida; quizá hayas empezado a hablar con alguien nuevo, quizá has conocido por fin a tus vecinos, más allá del vulgar "¿a qué piso vas?" Nos ha hecho ser más concientes que nunca de lo importante y lo valioso, nos está demostrando que todo lo que das por hecho: salir de fiesta, hablar con personas, abrazarnos, tomarte un café o simplemente sentir el césped en tus pies, es un lujo que habíamos olvidado valorar.
Son las 3 de ma madrugada del domingo, pero domingo de verdad, que ahora parece un domingo constante, pero todo eso da igual.
He salido a mi balcón, como ya es costumbre, la calle está desierta, pero eso también da igual. Me he sentado, tapada por una manta, siento el viento en mi cara y cierro los ojos mientras escucho las gotas caer, mientras oigo a las alcantarillas tragar el agua y te puedo asegurar que hacía tiempo que no me sentía tan feliz, tan en paz, tan tranquila.
Supongo que es lo bueno de las pandemias, te hace volver a valorar, a aferrarte a aquello que siempre te ha hecho feliz, pero que has olvidado ver.
Las gotas caen, sin cesar, el mundo no se a parado aunque el nuestro lo haya hecho. El viento mueve mi pelo y roza mi piel, el frío no me molesta. Oigo los árboles moverse por él a lo lejos.
La lluvia siempre ha tenido el poder de limpiar todo a su paso y cada brisa fría que llega a mi cara, es una bocanada de aire nuevo que me hace sentir viva, que me hace sentir tranquila, que me hace sentir bien.
No sé cuándo acabará esto, y la verdad es que he dejado de preocuparme por ello solo me concentro en aprovechar, aprovechar esos pequeños gestos que te da la vida y que son tan sumamente increíbles.
El mundo necesitaba un respiro de nosotros, y nosotros necesitábamos un poco de humanidad.
Se me siguen erizando los pelos cuando veo, que después de tantos días, seguimos saliendo, seguimos unidos. Cuando veo que no nos rendimos, que seguimos al pie del cañón, que saldremos de esta todos juntos.
Y aunque el día de mañana todo esto quede en un recuerdo, y volvamos a nuestras vidas olvidando aquel vecino que puso música un sábado para alegrarnos, o aquella enfermera que seguía yendo día tras día a trabajar, esto siempre se quedará con nosotros.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Ayer te volví a necesitar ¿sabes? Volví a marcar tu número, con lágrimas por toda mi cara, la respiración entrecortada y el pulso acelerado. Te necesité, una vez más, y tú, tú volviste a no estar.
Me lo prometiste, no sé si lo recuerdas "estaré siempre que me necesites" pero en realidad, nunca lo has estado; siempre que te he necesitado de verdad, que te he buscado, tú nunca has estado ahí, nunca has cumplido tu promesa.
Siempre me dices que te preocupas por mí, pero nunca me has escrito tú ese primer mensaje para ver cómo estoy. Siempre dices que estás enamorado de mí, pero nunca me encuentras en las letras de las canciones. 
Me pregunto si a ti también, de repente, sin venir a cuento, te invade la soledad de no tenerme a tu lado, como a mí me invade la de que tú no estés al mío.
Dices muchas cosas, pero a la hora de la verdad... no cumples ninguna, nunca. 
Me has recriminado cosas que acabaste haciendo tú, me has echado como tanto me contaste entre lágrimas que te dolió que yo lo hiciese, me has dejado sola... en realidad creo que siempre lo estuve, porque me conocerás perfectamente, pero jamás te has puesto en mi piel, jamás te has dignado a mirar mi realidad, mi vida, mi mundo, todo lo que estaba dispuesta a dejar por ti, jamás te importó destrozar todo a tu paso ¿y me llamas a mí tormenta? Quizá nos parezcamos aún más de lo que ambos creíamos. 
¿Quién me lo iba a decir? ¿Quién se podría haber imaginado que los papeles iban a cambiar, de un momento a otro, sin previo aviso?
Y aún así, aún habiendo escrito todas estas palabras llenas de rencor, de enfado y de dolor te sigo queriendo, me sigo acordando de ti, ya no cuando estoy sola, sino rodeada de gente, porque siento que me faltas tú, una vez más. Sigo buscándote en las noches. Y eso es lo que más me jode de todo, que aún siendo consciente de todo el daño que has hecho, sabiéndolo y habiéndote dado igual, sigo jodidamente, irremediablemente y estúpidamente enamorada de ti. 

viernes, 6 de marzo de 2020


Una noche de tormenta le hablé de ti al mar, y se calmó, se calmó como se calma un bebé al oir los latidos de su madre. Le hablé de ti a las estrellas, y comenzaron a brillar como brilla la mirada de un cachorro al ver su juguete preferido. Le hablé de ti al lobo, y comenzó a aullarle con más fuerza que nunca a la luna. Le hablé de ti a mi corazón, y se rompió, se rompió como se rompe una rama, crugiendo, sufriendo, intentando aguantar hasta que no puede hacer más.
Le hablé de ti a mi yo de 13 años, no me creyó, no me creyó hasta que me miró las manos y vio como temblaban al hablar de tu tacto, hasta que notó mi voz entrecortada al decir tu nombre, hasta que vió caer una lágrima al recordarte.
Le hablé de tu risa, de como me perdía en las comisuras de tus labios. Le hablé de tu mirada, esa mirada que me hacía sentir en casa, me hacía frenar y no tener miedo a lo que me rodeaba. Le hablé de tu voz; del poder que tiene de que mi corazón pegue un vuelco. Le hablé de tu olor, de tu calor, de tu tacto, le hablé de ti.
Le conté todos los planes que nunca hicimos porque en el fondo siempre sabíamos que no los íbamos a cumplir, le conté todos los paseos que dimos, lo pequeña que se hacía la ciudad cuando éramos nosotros quien la recorríamos, escuchándonos, riéndonos, queriéndolos.
Le hablé de ese amor, ese amor sin medida, sin tapujos, sincero, sin control.
También le conté la de veces que intentamos una y otra vez separarnos, el daño que nos hacíamos cada vez que lo intentábamos y cómo la vida, con su particular sentido del humor, nos volvía a juntar cada vez que creíamos habernos superado.
Le conté, y es irónico porque ya he perdido la cuenta, la de veces que nos emocionamos creyendo que podríamos con todo, que seríamos capaces de por fin, tener un presente juntos y cómo, una vez más, no fue así.
Le hablé de las noches que pasé llorando, acurrucada a una almohada porque tú no estabas aquí, la de veces que miré a la luna llena ecándole un pulso con mis pupilas, la cantidad de mensajes que te escribí, y que jamás te llegué a enviar y tampoco guardé. Le expliqué a la brazos que me aferré buscando tu calor y que ninguno se podía comprar.
Intenté explicarle lo que es el amor verdadero, lo que es un amor incondicional, lo que supones tú; y lo que quiera que mueva este absurdo mundo loco con su sádico sentido del humor que no me deja ser feliz ni contigo ni sin ti.
Le hablé de lo rota que me quedaba cada vez que te veía desaparecer, el daño que me hacía imaginar que tú sí habías encontrado mi calor en otros brazos, que ya no era en mis ojos en los que querías verte reflejado cada mañana...
Y después de hablarle de ti, de nosotros me preguntó si valía la pena.
Después de suspirar y esbozar una media sonrisa con la lágrima aún recorriendo mi cara tuve clara la respuesta: Sí, siempre es y será sí, siempre valdrás la pena y la vida. Me enseñaste a querer de forma valiente, me enseñaste a creer y a confiar, me quisiste y quisiste que me quisiera.
Me hiciste tocar el cielo con tan solo pararte a mi lado, me enseñaste mis alas y me dejaste volar. Y eso, eso no lo cambio por nada, porque al igual que el dolor que me causa no tenerte aquí es indescriptible, también lo es la felicidad que eres capaz de generarme y eso, eso siempre tendrá más peso, porque donde te duela menos la vida, ahí es, y contigo cariño, la vida parece menos mala, más dulce, más sencilla.

jueves, 16 de enero de 2020

Me culpé, me culpé como nunca he culpado a nadie más, de la forma más dura, absurda y dolorosa que jamás he visto. 
Me culpé primero por no sentirme suficiente para ti, por no ser lo que necesitabas, lo que merecías, por no saber estar a la altura. 
Luego empecé a culparme por no saber estar, por no saber hacer las cosas bien, tal y como tú me enseñabas, me exigías. Me culpaba por no  querer saber darte aquello que tú me pedías, aquello que tú me hacías creer que necesitabas. Y es que yo aquí, todavía no estaba del todo dentro de la jaula, aún daba pequeños empujones contra la puerta, aún me asomaba.
Después empecé a culparme por ser yo, suena absurdo ¿no? Pero así fue, sentía que yo tenía el problema, que no era capaz de cambiar lo suficiente para ser, ya no alguien digno de estar contigo, sino una persona de provecho. Y es que tú siempre me decías que lo hacías por mi bien, que te lo agradecería, que confiabas en mí, y yo, yo te creía y me castigaba y culpaba por no ser capaz de alcanzar esas metas que tú me imponías.
Poco a poco olvidé quién era yo, qué quería, qué necesitaba... Dejé de pensar en mí, de creer en mí para centrar toda mi fuerza, esa fuerza que anteriormente me había ayudado a luchar contra todo, hacia ti. 
Cuando quise darme cuenta estaba demasiado perdida, estaba demasiado ahogada en ti y no me veía capaz de salir de ahí. 
Poco a poco me ahogaba más, me perdía más, estaba más cansada, más triste, más dolida. 
Empecé a sentirme culpable por haberme dejado tanto, sí, a mí, porque yo siempre luché por mí, yo siempre había sido yo, siempre había confiando en mí, hasta que llegaste tú, y me destruirte una y otra vez y ahí me encontraba yo, cada vez que a ti te apetecía, volviendo a juntar todos esos pedazos e intentando que esta vez tuviesen la forma que tú querías. 

martes, 14 de enero de 2020


Odio tanto las despedidas como necesarias creo que son. Nunca se me ha dado bien eso de cerrar etapas, despedirme de personas, archivar momentos... Siempre me aferro a aquello que un día me hizo feliz, que un día hizo que mi mirada brillase, mi pulso se acelerase, que me salvó, y tú cariño, fuiste, sin saberlo, sin quererlo, mi Salvador, por eso me cuesta tanto despedirme, decir hasta aquí, cerrar esa puerta de una vez por todas y dejar de mirar por la mirilla simplemente para ver, si con un poco de suerte, te pillo sonriendo. Te he intentado descifrar, entender, ayudar... Y solo me he chocado una y otra vez con los mismo muros, muros que tú has ido poniendo. Creo que jamás llegaré a entenderte, a entendernos y en parte eso es algo que me atrae, pero me frustra.
He intentado demostrarte cosas, he ido detrás de ti ¿y sabes? Yo no soy así, yo no tengo que demostrar nada a nadie que no sea yo, y eso me hace darme cuenta de que no me convienes, no me haces bien y puede que esa también fuese la razón de que me atrayeses tanto, al fin y al cabo yo siempre era la que se quitaba las postillas de las heridas para ver salir mi sangre y notar ese leve escozor.
Lo siento, supongo que nunca te dejé conocerme como yo era en realidad, pero si te sirve de consuelo, muy poca gente lo llega a hacer y para ser justos, tú tampoco me dejaste verte jamás.
Te mentiría si dijese que no me duele, pero más me duele estar así contigo, porque al fin y al cabo, nunca estuve contigo, siempre he estado sola.
A sido un verdadero placer echar esta partida de poker contigo, pero creo que se a alargado demasiado y yo ya no estoy para juegos.