miércoles, 19 de abril de 2017

Frío

Esto es un adiós, un hasta luego, un ya nos veremos. No puedo más, siento que me ahogo mientras veo a los demás respirar sin ninguna dificultad, siento que estoy perdida en un mar oscuro y frío, ya no espero que nadie venga a salvarme, ya no quiero que nadie venga a ayudarme.
Las lágrimas calientes caen por mis mejillas una vez más, pero sé que esta será la última vez que sienta esa sensación dentro de mí. Mi estómago hecho un nido me provoca arcadas , siento en mi pecho una presión, una presión tan grande que me hace saber que es el peso de todos los problemas que he ido esquivando a lo largo de mi corta y absurda vida. ¿Qué más da que mañana no despierte? Todo será igual, el reloj no espera a nadie, y he aprendido que las personas tampoco.
Tic-tac mi tiempo se acaba, deslizo una suave cuchilla por mi muñeca, no es la primera vez, pero sí será la última.
Mi sangre empieza a salir de mi cuerpo y con ella mis problemas.
Tic-tac, el tiempo corre, yo inmóvil recuerdo cada insulto que me dijeron, cada noche llorando sola en mi cama hasta quedarme dormida, cada día que no he comido, cada vez que mis dedos acariciaron mi garganta para ser lo que ellos querían que fuese.
Tic-tac, mi mundo se esta nublando con un color ceniza, recuerdo esa sensación de culpabilidad que sentía a cada bocado.
Tic-tac me convenzco de que esta será la mejor opción para todos, mi madre lo ha pasado muy mal por no saber cómo ayudar a su hija.
Tic-tac, el tiempo se va agotando, el mar comienza a llevarme poco a poco mientras me voy sumergiendo en un placido y tranquilo sueño.
Tic-tac, ¿Hace cuánto que no soy yo misma? ¿Hace cuánto que no sonrío de verdad?
Tic-tac, ya falta poco, no siento mis extremidades.
Tic-tac... no consigo pensar en nada... me estoy llendo... la puerta se abre y aparece una silueta conocida para mí, tardo pero reconozco a mi madre, grita, pero no puedo oírla, ya estoy muy lejos. Tic-tac. 
Huelo a desinfectante... hace calor, demasiado calor, empiezo a distinguir voces, ninguna conocida, es alguien dando instrucciones a otra persona, intento abrir los ojos, pero mis párpados pegados entre si. Consigo abrirlos un poco, la imagen es nublada los primero segundos, luego puedo distinguir una mujer vestida con bata blanca hablando con mi madre, es una sala sin color, con ventanas que están custodiadas por unas verjas, yo estoy tumbada, me han puesto una venda en la muñeca y una vía en la otra. De dan cuenta de que me he despertado, la mujer de bata blanca se acerca y me pregunta cómo estoy.
Confusa, cansada, asustada... Acabo respondiendo que bien, me ofrece una sonrisa amable y algo forzada, sale de la sala y se acerca mi madre, me abraza, un abrazo lleno de alegría, de tensión, de miedo, de cariño...
Lloramos las dos y me susurra al oído un "te quiero" tan cálido como su abrazo.
Ha pasado el tiempo, he estado en terapia, medicada, y con alguna que otra recaída, pero he conseguido a ser yo misma, a querer a mi cuerpo, a valorar mis curvas. Ya como sin sentimiento de culpa, ya no vomito ni me autolesiono, vuelvo a salir, vuelvo a divertirme. Me ha costado, mucho, demasiado, y aún no se ha acabado, es algo que siempre estará conmigo, siempre estaré en guardia para no recaer, pero ha merecido la pena.
Muchas veces paso mis dedos por las cicatrices de mi muñeca, me dijeron que puedo quitármela, les dije que no, que así siempre recordaría la guerra que viví, y superé, que siempre me recordaría de lo fuerte que soy y que así jamás volvería a creer que si estoy en un mar, frío y sombrío yo sola, mi madre no vendría a rescatarme. Que no estoy sola, que no soy débil y que valgo mucho.

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